Denuncia ante la Policía Nacional y a ante la Guardia Civil sobre presuntos delitos cometidos en un canal de Telegram

En febrero de 2018 un cliente se pone en contacto con nosotros solicitando asesoramiento sobre cómo actuar ante lo que él consideraba una actividad delictiva que se estaba cometiendo en un canal público de Telegram.

Antes de comenzar debemos identificar los distintos tipos de herramientas que podemos encontrar en la aplicación de Telegram además de los chats entre dos usuarios:

Grupos: Los grupos son una especie de chat en la que los distintos usuarios del mismo (denominados miembros) pueden interactuar entre ellos mismos o con bots, intercambiar contenido (mensajes, video, audio, fotos, etc.). Estos grupos pueden ser públicos (se pueden encontrar en el buscador de Telegram y unirse a los mismos) o privados (solamente se puede acceder a los mismos con un enlace de invitación). Los creadores y administradores de estos grupos pueden expulsar y banear a sus participantes o establecer distintos permisos. Por su parte los miembros del grupo pueden consultar la lista completa de miembros de dicho grupo.

grupo telegram

Canales: A diferencia de los grupos, en los canales solamente pueden publicar contenidos los administradores de los mismos mientras que los suscriptores del canal solo podrán visualizar (y en su caso compartir- dicho contenido. Los canales están pensados en difundir mensajes públicos a grandes audiencias. Al igual que los grupos, los canales pueden ser públicos o privados. Una peculiaridad de los canales es que cuando un administrador publica algo en dicho canal dicho mensaje aparecerá firmado con el nombre del canal y no con el suyo. Asimismo, a diferencia de los grupos, los suscriptores de un canal no pueden ver la lista completa de suscriptores, siendo el creador y los administradores del canal los únicos que tienen acceso a dicha información.

Bots: Los bots son pequeños programas que los usuarios pueden crear dentro de la interface de Telegram y que cuentan con infinidad de funcionalidades diferentes (sin más límite que la imaginación del programador) y que pueden ser usados tanto en los chats como en los grupos o canales.  Actualmente existen Bots para obtener previsiones meteorológicas, para crear alertas y alarmas, consultar el precio de productos en tiendas online, obtener gifts animados o imágenes para compartir, jugar al trivial, etc.

Los canales y los grupos públicos, así como los bots de Telegram pueden encontrarse desde la opción de búsqueda de la aplicación.

En este caso en cuestión la problemática surge de un canal público de Telegram -que para no publicitar ni promover vamos a llamar @canal- en el que se estaban publicando imágenes (muchos de ellos de carácter sexual), conversaciones y demás datos personales de terceras personas sin contar con el consentimiento de las mismas, así como vertiendo amenazas e insultos a dichas personas.

La dinámica que utilizaba el creador y administradores de @canal era la siguiente:

  1. Creación de un bot (@canalBOT) en el que los usuarios comparten el contenido que posteriormente se publicará en el canal. Este bot no realiza ninguna tarea automatizada ni cuenta con programación alguna sino que solamente sirve para enmascarar el nombre del usuario que recibe los contenidos y que posteriormente publicará en el @canal.
  2. Publicación de los contenidos obtenidos mediante el bot en el canal; en el cual dichos contenidos aparecerán publicados con la firma del canal y no mostrará el nombre del usuarios que los ha publicado.

De este modo, se consigue enmascarar por completo al usuario que recibe y publica los contenidos, si bien dicho usuario, como creador o administrados del canal y del bot si tiene acceso al nombre de los usuarios que enviar los contenidos al bot así como el nombre de todos los suscriptores del canal.

Además de estas dos barreras para mantener el anonimato de los creadores y administradores del canal y del bot existen otras garantías que implementa la propia aplicación de Telegram para mantener el anonimato de estas personas (y de todos sus usuarios). En primer lugar, si bien es cierto que para registrarnos en la aplicación debemos proporcionar nuestro número de teléfono sin embargo este dato solo se muestra a aquellas personas que ya cuenten con dicho número listado en la agenda de su teléfono; es decir, de contar previamente con dicho dato el único dato que podremos obtener es el nickname de usuario de Télegram. Sin embargo, el usuario puede cambiar de nickname tantas veces como quiera e incluso puede tener varios nicknames vinculados a una sola cuenta por lo que, en última instancia, el único dato que permite identificar a un usuario tras un cambio de nickname o múltiples nicknames sería su ID de usuario.

Solamente Telegram Messenger Inc. tiene la capacidad de poder desvelar que número de teléfono se encuentra detrás de cada ID y cuáles son los nicknames asociados a dicha ID. Sin embargo, tal y como ya analizamos en el post “Telegram y la privacidad de los datos personales de sus usuarios”, esta empresa se vanagloria de no haber entregado un solo byte de los datos de sus usuarios a ninguna empresa o gobierno. Asimismo, y en relación al contenido ilegal que pudiese encontrarse en esta aplicación, la empresa establece en sus FAQ que todos los chats y grupos (a lo que habría que incluir canales privados y grupos privados) de son territorio privado de sus respectivos participantes y no procesarán solicitudes relacionadas a ellos; sin embargo los usuarios pueden presentar reclamaciones por los contenidos ilegales de bots, canales públicos y grupos públicos, sin embargo suelen ser necesario un elevado número de reclamaciones contra un mismo canal para que sea cerrado por la empresa debido a su política de “mínima intervención”.

Teniendo en cuenta todas estas premisas, ¿Cómo podemos actuar contra este canal de Telegram y averiguar la identidad del creador del mismo y del bot vinculado?

La primera actuación que se realizó fue consistió en utilizar los mecanismos disponibles en la propia aplicación para denuncia el canal mediante el envío de correos electrónicos a abuse@telegram.com y mediante la opción de “reportar canal” disponible en la propia aplicación. Sin embargo ninguna de estas actuaciones surtió efecto.

Posteriormente, y tras descubrir que detrás del bot se encontraba una persona que era quien, de forma manual, copiaba y pegaba los contenidos en el canal se realizó una segunda actuación basada en la ingeniería social para poder obtener más datos del usuario que se encontraba detrás del canal y del bot mediante el envío de un enlace “trackeado” “con seguimiento” al mismo y comunicándole que se había descubierto su identidad. Como se suele decir en estos casos “la curiosidad mató al gato”, y a los pocos minutos de haber compartido el enlace en el bot (enlace que el administrador del bot nunca llegó a publicarse en el canal) este fue pulsado, por lo que pudimos obtener la dirección IP de esa persona, su Operador de Comunicaciones y su ubicación aproximada.

Una vez obtenida la dirección IP ya no resulta necesario solicitar a Telegram ningún tipo de dato sobre el canal, el bot o su creador puesto que, de acuerdo con lo dispuesto en la Ley 25/2007 de conservación de datos relativos a las comunicaciones electrónicas y a las redes públicas de comunicaciones, los Operadores de Comunicaciones tienen la obligación de conservar los datos de los abonados a los que cada dirección IP es asignada durante 12 meses.

En este momento, al ser el canal público y poder acceder al contenido del mismo cualquier persona, al haber almacenado pruebas de los presuntos delitos que se podrían estar cometiendo y al disponer de la IP del creador o administrador del grupo y del bot tendríamos elementos suficientes para poder presentar una denuncia ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para que, previa autorización judicial, solicitaran al Operador de Comunicaciones los datos de dicho abonado y comenzaran con la actuación policial ya que los hechos denunciados tendrían la calificación de delitos graves o menos graves.

Sin embargo, en el último momento el cliente se echó para atrás y decidió no presentar denuncia por lo que, teniendo en cuenta la gravedad de los hechos, decidimos ponerlos en conocimiento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional y Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil), junto con todos los datos recabados, mediante los sistemas online que se han habilitado a  tal efecto.

Seis meses después de la puesta en conocimiento de los hechos tanto el canal como el bot están eliminados, aunque por desgracia no hemos podido tener acceso a las actuaciones realizadas. A pesar de ello nos constas que siguen existiendo cientos de canales similares, pero esta vez privados y no públicos, en los que se siguen realizando este tipo de actividades aunque por suerte, el nivel de privacidad que les otorga Telegram no es suficiente para evitar que se pueda actuar contra ellos.